jueves, 21 de febrero de 2013

Reelección en Ecuador


Y el caudillismo disfrazado de revolución democrática sigue campando en América latina.

Luego de que Chávez se hiciera elegir nuevamente se le abrieron los ojos a los otros. Ahora vemos la reelección de Correa en Ecuador. Otros cuatro años para seguirle el paso a Chávez, otros cuatro años de corrupción y pobreza para Ecuador.

Y es que está comprobado que estos gobiernos autoritarios se enquistan como mafias dentro de la sociedad, acallando a todo aquel que pretende oponerseles, sometiendo el poder legislativo y el judicial para que no les hagan contrapeso y poniéndole una mordaza a la prensa (el bien llamado “Cuarto poder”) o directamente comprándola, para que nadie denuncie sus atropellos (y a este tipo le dieron un premio por defender la libertad de prensa, lo mismo que a Chávez, cuando lo único que han hecho a sido cerrar periódicos y canales privados por oponerseles públicamente).

El socialismo del siglo XXI es un engaño, se basa en premisas inalcanzables que venden como sueños a plazos, es el reencauche del modelo Cubano que todos saben que falló. En Venezuela los pobres tienen más hambre y menos oportunidades, un país rico que está en quiebra porque los oportunistas con Chávez a la cabeza se han pegado como vampiros al poder y van desangrando al país lentamente. Lo mismo pasó en Egipto, Túnez, libia, Siria y todos los países de la primavera árabe (curioso que todos los dirigentes depuestos fueron amiguetes de Chávez), y ahora seguirá Ecuador.

Celebro el buen juicio de Lula al no buscar prolongarse en el poder y celebro mucho a mi país porque no se pegó a la onda caudillista, defendiendo la separación de poderes y el espíritu democrático, cuando la corte constitucional tumbó una segunda reelección del presidente Uribe, y fue aplaudida en muchos círculos sociales y políticos, incluso permeados por el Uribismo. Al final triunfó la democracia, y en Colombia, la democracia más antigua y estable de América latina, eso era lo mínimo que podía esperarse. Valga decir que voté por Uribe y apoyé su primera reelección, pero no la segunda, hubiera sido catastrófico para el país en términos políticos.

La sombra comunista, soterrada en nuestros vecinos más apátridas, busca afianzarse en el poder con medidas populistas y sin futuro, condenando a los de abajo a seguir solo los sueños que el gobierno les permita. Los de arriba se regodean condenando al pueblo a la miseria disfrazándose como sus benefactores, ¿y los de abajo?... ¡los de abajo aguantan!

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