Y el
caudillismo disfrazado de revolución democrática sigue campando en
América latina.
Luego de que Chávez se hiciera elegir nuevamente se
le abrieron los ojos a los otros. Ahora vemos la reelección de
Correa en Ecuador. Otros cuatro años para seguirle el paso a Chávez,
otros cuatro años de corrupción y pobreza para Ecuador.
Y es que
está comprobado que estos gobiernos autoritarios se enquistan como
mafias dentro de la sociedad, acallando a todo aquel que pretende
oponerseles, sometiendo el poder legislativo y el judicial para que
no les hagan contrapeso y poniéndole una mordaza a la prensa (el
bien llamado “Cuarto poder”) o directamente comprándola, para
que nadie denuncie sus atropellos (y a este tipo le dieron un premio
por defender la libertad de prensa, lo mismo que a Chávez, cuando lo
único que han hecho a sido cerrar periódicos y canales privados por
oponerseles públicamente).
El socialismo del siglo XXI es un
engaño, se basa en premisas inalcanzables que venden como sueños a
plazos, es el reencauche del modelo Cubano que todos saben que falló.
En Venezuela los pobres tienen más hambre y menos oportunidades, un
país rico que está en quiebra porque los oportunistas con Chávez a
la cabeza se han pegado como vampiros al poder y van desangrando al
país lentamente. Lo mismo pasó en Egipto, Túnez, libia, Siria y
todos los países de la primavera árabe (curioso que todos los
dirigentes depuestos fueron amiguetes de Chávez), y ahora seguirá
Ecuador.
Celebro
el buen juicio de Lula al no buscar prolongarse en el poder y celebro
mucho a mi país porque no se pegó a la onda caudillista,
defendiendo la separación de poderes y el espíritu democrático,
cuando la corte constitucional tumbó una segunda reelección del
presidente Uribe, y fue aplaudida en muchos círculos sociales y
políticos, incluso permeados por el Uribismo. Al final triunfó la
democracia, y en Colombia, la democracia más antigua y estable de
América latina, eso era lo mínimo que podía esperarse. Valga decir
que voté por Uribe y apoyé su primera reelección, pero no la
segunda, hubiera sido catastrófico para el país en términos
políticos.
La
sombra comunista, soterrada en nuestros vecinos más apátridas,
busca afianzarse en el poder con medidas populistas y sin futuro,
condenando a los de abajo a seguir solo los sueños que el gobierno
les permita. Los de arriba se regodean condenando al pueblo a la
miseria disfrazándose como sus benefactores, ¿y los de abajo?...
¡los de abajo aguantan!
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